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Tijonov I. L. Рец.: Клейн Л.С. Трудно быть Клейном: Автобиография в монологах и диалогах. — СПб.: Нестор-История, 2010. // Trabajos de prehistorija, 68, № 1, enero-junio 2011
Трудно быть Клейном: Автобиография в монологах и диалогах. ISBN 978-5-98187-368-3

En la última década y media han aparecido en ruso memorias y diarios de algunos arqueólogos, así como científicos del siglo XIX y la primera mitad del XX: P. S. Uvarova, V. G. Druzhinin, N. P. Kondakov, I. I. Tolstoi, así como también de nuestros contemporáneos: B. B. Piotrovski (1995), V. Ya. Kiashko (2007), E. E. Kuzmina (2008). Junto con los diarios, cartas y otros documentos históricos de carácter personal, las memorias son una fuente importantísima para posteriores reconstrucciones de la historia de la ciencia en el período dado, en la medida en que tales fuentes pueden iluminar esa vida interior de las comunidades científicas, que no llegan a las páginas de los informes y publicaciones oficiales.

En 2010, la editorial de San Petersburgo ‘Néstor- Historia’ enriqueció esta lista, publicando el libro de L. S. Klein. Es difícil ser Klein. Autobiografía en monólogos y diálogos. Leo Samuelovich Klein (nacido en 1927) es uno de los arqueólogos rusos mas conocidos en el mundo occidental y, probablemente, el mas popular. Esta notoriedad en Occidente procede de sus numerosas publicaciones en inglés y alemán, iniciadas ya en el período soviético, en la década de los 1970. El hecho de que las autoridades no aprobaran tal actividad junto con la existencia de enemigos influyentes y malintencionados, llevaron a que, en 1981, se montara una causa criminal contra él bajo la acusación de homosexualidad (entonces, en la URSS, se consideraba un delito criminal punible). A pesar de las manipulaciones obvias de los hechos, de que los intimidados testigos se desdijeran de sus propias declaraciones, L. S. Klein fue condenado y pasó año y medio preso. Hasta su arresto, L. S. Klein llevaba ya 20 años como profesor en la Cátedra de Arqueología de la Universidad de San Petersburgo (entonces Leningrado). Sus clases sobre arqueología de la Edad del Bronce, teoría y método de la investigación arqueológica, historia de la Arqueología le proporcionaron gran popularidad entre los estudiantes de la Cátedra de Arqueología, así como el curso general ‘Fundamentos de la Arqueología’ entre los estudiantes de toda la Facultad de Historia. Estas clases siempre se basaban en un enorme material, procesado de manera creativa, y contenían enfoques innovadores del autor respecto a muchos problemas. .

El Seminario eslavo-varego, que se ocupó de descubrir el papel de los normandos en el complejo proceso de formación del estado ruso antiguo, llegó a ser un acontecimiento destacado en la vida científica de la Facultad en los años 1960-1970. Entre los participantes en el seminario se formó todo un grupo de conocidos arqueólogos eslavistas, que estudiaban la Alta Edad Media de Rus como una nueva etapa. Además el seminario se ocupaba de la Edad del Bronce Antiguo y de todos los problemas metodológicos de la investigación arqueológica. L. S. Klein, junto con los estudiantes de la Universidad de Leningrado, emprendió trabajos de campo en los kurganes de la Edad del Bronce y la Primera Edad del Hierro pero el ámbito mas importante de su actividad era cada vez mas el de los problemas teóricos en Arqueología. En las décadas de 1960-1970 estudió en detalle las publicaciones teóricas de la ‘Nueva Arqueología’, L. Binford, C. Renfrew, D. Clarke, y criticó de manera constructiva muchas posiciones de la arqueología procesual. En la URSS participó muy activamente en las discusiones sobre problemas cruciales y nociones de la arqueología: culturogénesis y etnogénesis, tipo, cultura arqueológica. .

El año y medio pasado en prisión, entre criminales, no sólo no pudo con la fuerza de voluntad, ni con el espíritu indomable de L. S. Klein sino que, al contrario, le dio un abundante material de observación, que le permitió llegar a interesantes conclusiones sobre el parecido del medio criminal y las normas zaristas en los lugares de reclusión con el carácter de las primeras sociedades. Una serie de ensayos sobre este tema en la revista Neva y el libro El mundo invertido (Klein 1993a) despertaron enorme interés y resonancia entre los lectores mas allá de los límites de la Arqueología y la Etnografía. Durante la perestroika el científico pudo volver a su trabajo docente en la Facultad de Filosofía de la Universidad Estatal de San Petersburgo y en la Universidad Europea de San Petersburgo. Enseñó en las Universidades de Viena, Durham, Berlín occidental y Copenhague, trabajó en la Universidad de Washington, dio conferencias en Cambridge, Oxford, Edimburgo, Estocolmo, Oslo, Tromso y otras universidades del mundo, incluyendo cuatro españolas. De hecho, a los lectores de lengua española les deben resultar conocidas algunas páginas de la biografía de L. S. Klein, en cualquier caso, dos revistas científicas españolas, ya en 1992, incluyeron en sus páginas una entrevista con el científico ruso (Martinez Navarrete et al. 1992; Ruíz-Zapatero y Vicent García 1992). Además se publicó en español el libro de Klein (1993b), La arqueología soviética, en el cual también hay testimonios de la actividad científica del autor. .

En estos años le llegó una merecida fama mundial. Pero con sus 83 años el catedrático L. S. Klein está muy lejos de dormirse en los laureles: cada año publica varios libros. Solo en los dos últimos años (2009-2010) fueron 6. Entre ellos, La nueva arqueología y La fórmula de Montelius, dedicados a los problemas teóricos de la Arqueología; El tiempo de los centauros al origen y difusión de los indoarios; Debate sobre los varegos y dos libros autobiográficos: una segunda edición ampliada de El mundo invertido y el que es objeto de la presente recensión. No es fácil determinar el género de este libro. En el subtítulo se indica: autobiografía en monólogos y diálogos pero esto no es del todo exacto. Una parte considerable del texto reúne fragmentos de libros de L. S. Klein, a manera de citas, que ilustran el razonamiento del autor. El carácter fragmentario del texto a veces impide la percepción global del material y, a veces, al contrario destaca o precisa una idea u otra. En bastante medida a ello contribuye el uso en el libro de materiales de numerosas entrevistas, de correspondencia personal y la amplia incorporación de diferentes documentos. El libro está bien ilustrado y provisto de bibliografía e índices. .

Una mirada sobre si mismo desde fuera con una pizca de fino humor está presente en todos los textos biográficos del libro. Es asombroso con qué profundidad y precisión nos transmite el espíritu de la época, el estado de ánimo general durante los años 30 en la provincia occidental, donde elementos rusos, bielorrusos, polacos y hebreos constituían un único estrato cultural. A pesar de su brevedad los recuerdos de los años de la guerra son muy expresivos, así como el escenario de la vida de la posguerra en Grodno.

El cuadro del período estudiantil de L. S. Klein en Leningrado se presenta mucho mas desarrollado y, en especial, los recuerdos sobre su profesor, Mijail Illarionovich Artamonov, jefe de la Cátedra de Arqueología de la Universidad de Leningrado, director del Ermitage, tutor de los cursos, de la diplomatura y del trabajo doctoral de León Samuelovich, con quien la relación no siempre fue fácil. Por supuesto, algunas valoraciones del autor tienen un carácter subjetivo, corren el riesgo de ofender a los implicados y seguramente se enfrentarán con objeciones, pero el género de las memorias es así. En el libro se describen y caracterizan muchas personas con las que le cruzó el destino, figuras fundamentales de la ciencia arqueológica nacional y mundial y también representantes conocidos de la cultura: V. Ya. Propp y B. A. Ribakov, A. D. Aleksandrov y Thor Heyerdahl, V. A. Yadov y V. Bykov.

El difícil camino ‘de entrada en la ciencia’, según los recuerdos de Klein, presenta varias etapas: desde su etapa como pedagogo, pasando por el período predoctoral, al inicio de la enseñanza en la universidad.

Precisamente en este capítulo el autor sumerge ya al lector en las profundidades de la ciencia arqueológica y de las fuentes arqueológicas. Uno tras otro emergen en las páginas del libro ‘la cultura de las catacumbas’, ‘el debate sobre los varegos’, ‘la cuna de los indoarios’ y otros problemas de la Arqueología, con los cuales vivió el mundo científico entre los años 1950-1970. Junto con la ciencia están los temas personales y los simples problemas humanos, sobre los cuales el autor escribe también con gran humor. Los versos románticos, que acompañan estas páginas de recuerdos hablan del indudable talento poético del autor (verdaderamente ¡un hombre con talento tiene talento para todo!). En distintos capítulos del libro tenemos la posibilidad de conocer el amplio círculo de problemas científicos de cuya solución L. S. Klein se ocupó en distintos períodos de su trabajo creativo: la agricultura eneolítica, las culturas de las hachas de combate y la cerámica de bandas de Europa central, la Edad del Bronce en la estepa, los yacimientos escitas y sármatas, el origen de los eslavos, los antiguos normandos, la cronología egipcia, trabajos filológicos dedicados a la composición de la épica homérica y muchos otros. El propio Leo Samuelovich (pp. 211-212) explicó así este diapasón de investigaciones: “en todo, percibía principalmente la naturaleza metodológica del problema y, ya en un segundo plano, el conjunto de datos con los que se relacionaba la situación...

El paso a nuevos temas e incluso a nuevas esferas de conocimiento, aunque asociado con el riesgo de una pérdida de profesionalismo, sin embargo encierra en si posibilidades de una mirada nueva, de perspectivas inesperadas, de innovaciones fundamentales”. Los puntos de vista del autor a menudo divergieron radicalmente de los de la ideología y ciencia soviética, poniendo obstáculos en su camino, que L. S. Klein superó gracias a su talante, a la firmeza de su carácter, constancia y disciplina interna. Continúa defendiendo su posición también ahora, apareciendo a menudo con artículos de divulgación y con observaciones sobre distintas cuestiones científicas y de la vida político-social en las páginas de la revista Versión de Troitsk (2). Por ello en muchos lugares el libro comentado tiene un fuerte carácter divulgativo. Así, por ejemplo, su parte final y anexos contienen una evaluación del estado de la cuestión en la arqueología rusa contemporánea, en la ciencia y en la educación superior en su conjunto e, incluso, en la situación social en Rusia. El nombre del libro, sólo comprensible por quienes estén familiarizados con la novela Es difícil ser dios de los hermanos Strugatzki, escritores soviéticos de literatura fantástica, es resultado de un episodio casual. Klein tituló una de sus primeras recensiones sobre una recopilación en inglés dedicada a los aborígenes australianos “Es difícil ser dios”, comparando los participantes en la recopilación con los héroes de la citada novela de los Strugatzki. Entre los arqueólogos era costumbre bromear sobre la elevada autoestima de Klein y, en Moscú, corría el chiste de que Klein había publicado una autobiografía que había llamado Es difícil ser dios. Corrigiendo a su manera esta broma, Klein títuló Es difícil ser Klein a su auténtica autobiografía.

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